domingo, 12 de junio de 2016

Burke y Hare, asesinos y vendedores de cadáveres

Era noche oscura, cerrada y húmeda, en las tierras norteñas de Gran Bretaña, más concretamente en la ciudad de Edimburgo, dos sombras montados en un carro, bien abrigadas y tapadas hasta los ojos, cruzaban las neblinosas calles de la ciudad escocesa en dirección al 10 de Surgeon Square, donde se encontraba la residencia del famoso anatomista escocés Robert Knox (4 de septiembre de 1791 – 20 de diciembre de 1862).

Frías calles británicas

Los dos hombres, al llegar a su destino, llamaron a la puerta, la cual abrió David Paterson, el portero del eminente doctor. Preguntaron si su señor se encontraba en casa, a lo que el integrante del servicio doméstico les contestó que en ese momento no se hallaba allí, pero que podían tratar con él del tema que fuese, ya que él era uno de sus hombres de confianza. Las dos oscuras sombras, le explicaron que traían un paquete que podría interesarle al doctor Knox, y el portero hizo que lo descargaran y pasasen con el dentro de la residencia.

Muñeco de cera del Doctor y anatomista Knox, en Edimburgo

En el gran paquete, no había otra cosa que el cadáver de un pobre hombre llamado Donald, y por el cual el sirviente del celebre anatomista pagó a los portadores, la buena suma de 7 libras y 10 chelines, diciéndoles antes de acompañarlos a la calle, “que sería un placer volverlos a ver por allí con tan buena mercancía”.
Una vez en la fría calle, se miraron el uno al otro perplejos, pensando en su buena fortuna, ya que 7 libras y 10 chelines suponían el sueldo de todo un mes.
En ese momento, comenzó la historia y leyenda oscura de William Burke (1792 – 1829) y William Hare (1792- ????), dos irlandeses que pasaron a ser unos de los asesinos seriales más famosos de Gran Bretaña, y que consiguieron aterrar y acongojar a la población británica, después de que se conocieran sus fechorías.

Retratos de los asesinos William Burke y William Hare

Los dos hijos de la isla esmeralda, llegaron a Escocia por diferentes vías, Burke abandonó a sus hijos y esposa en su tierra natal sin ningún tipo de remordimiento, al llegar a Escocia comenzó a trabajar como obrero en el Union Canal, aunque  el contrato duró poco y acabó desempeñándose como zapatero.
En su país de adopción conoció a otra mujer en el año 1827, la cual sería su pareja hasta el final de sus días, conocida como Hellen McDougal. Una vez juntos, fueron a vivir a una posada de mala muerte de nombre Tanner’s Close, ya que su economía no daba para más, y allí en ese lúgubre edificio de Edimburgo, es donde Burke conoció al que sería su compinche de correrías y asesinatos William Hare, que junto a su esposa  Mag Laird regentaban dicha posada.
Todo comenzó, con la venta del cadáver del pobre Donald, que había muerto por enfermedad en la propiedad de Hare, y este sin saber lo que hacer, pidió consejo a su compatriota Burke.
Este había oído que los cadáveres, se vendían a buen precio en las muchísimas salas de anatomía que existían en Gran Bretaña, ya que había déficit de cuerpos con los que experimentar, y los despojos, que llegaban muchas veces a estos estudiosos del cuerpo humano, eran cadáveres enterrados ya hacia tiempo, y que eran suministrados por grupos de personas a los que llamaban “resurrectores” y que durante el siglo XIX en las islas británicas, se dedicaban a un negocio muy oscuro, llegando a expoliar y saquear tumbas de manera sistemática, para arrancar a las personas sepultadas de su descanso eterno, y venderlas al mejor postor.

Ladrón de cadáveres 

Todo esto consiguió, que las medidas de seguridad en los campos sagrados fueran férreas, y que estos ladrones de cadáveres lo tuviesen muy difícil para perpetrar sus atroces robos. Esto sumado a que las leyes para ceder cadáveres a las universidades y centros de estudios de medicina, eran muy restrictivas, les dieron el empuje que les faltaba a este par de asesinos.
Después de esta primera venta, estos dos hombres sin escrúpulos, pensaron que habían encontrado el negocio de sus vidas. A la posada de Hare, tan solo llegaban personas desahuciadas de la sociedad, personas sin importancia, que serían fáciles de hacer desaparecer sin dejar rastro, igual que muchas de las personas que hacían su vida en el pobre y decadente barrio donde poseía su negocio. Sin pensarlo dos veces, decidieron comenzar a proporcionar cadáveres frescos al anatomista Knox, y que mejor manera que transformar a esos pobres diablos que llegaban al negocio de Hare, o pululaban por las inmundas calles de los barrios pobres de Edimburgo en material de primera calidad para los investigadores.
Durante un año, perpetraron unos 17 asesinatos. Su modus operandi era embriagar a la victima con alcohol, y cuando esta ya no podía a penas defenderse, atacarla y asfixiarla hasta la muerte, su técnica se caracterizaba en que mientras uno de ellos le tapaba la boca y nariz a la víctima el otro ejercía una gran presión en el tórax hasta que la persona en cuestión moría por falta de oxígeno (este método de asesinato hoy día, en la práctica forense aún se le sigue llamando el “método Burke”).

Burke y Hare, utilizando su modus operandi

Las personas, que caían en sus manos, eran individuos a los que nadie echaba de menos, y por los que nadie preguntaba, un vendedor de cerillas, un molinero, ancianos y sobretodo alcohólicos.
Los dos psicópatas, se sentían impunes y poco a poco iban enriqueciéndose más y más, sus gastos y su niveles de vida, fueron subiendo y la gente se hacía preguntas de cómo podía haber sucedido ese cambio, a lo que ellos respondían que a una de sus mujeres un familiar le había dejado una buena herencia.
Mientras pasaba el tiempo, y al sentirse a salvo comenzaron a ver a cualquier persona como un potencial objetivo, y ese fue el error fatal de estos dos asesinos irlandeses.
Hubo tres de sus víctimas que empezaron a llamar la atención de la sociedad, una fue la joven prostituta de nombre Mary Patterson, la cual era bastante conocida en la ciudad escocesa, y que fue víctima de Burke una noche en la que él fue a pedir sus servicios. Lo que ella no sabía es que acabaría muerta, y en la mesa de disección del doctor Knox al día siguiente. El siguiente fue un chico de 19 años llamado Jaimie Wilson muy conocido por ser un borrachín simpático de la zona, al cual su madre había echado de casa en un arrebato de furia, y que desapareció mientras mendigaba por los arrabales de Edimburgo, y por ultimo el cadáver que fue la perdición de estos dos maníacos, el de la irlandesa Mary Doherty (o Campbell).
La señora Campbell, conoció a Burke, mientras este compraba algunos objetos sin importancia, en una tienda del barrio. La señora entró pidiendo limosna, y explicando que había llegado desde Irlanda, buscando a su hijo de 11 años y que se había quedado sin dinero en ese periplo. Burke, le ofreció alojamiento incluso le dijo que la conocía y que podían ser familia.

Antiguo mapa de Irlanda

La señora Campbell, fue tratada con mucha diligencia y de una manera muy amable, conoció al matrimonio Gray que estaba alojado en la posada durante unos días y charlaron durante un tiempo, lo que no sospechaba la señora es como acabaría la historia. Por la noche, corrió el licor y a causa del alcohol el ambiente fue subiendo, la irlandesa acabó sin poder ni aguantarse, entonces es cuando Burke aprovechó la situación y acabó con su vida. Después de ello, la tapó con un montón de paja, y avisó a Paterson, el trabajador del doctor Knox, el cual que le dijo que el cadáver serviría.
Al día siguiente, al matrimonio que estaba allí alojado, le extraño que ya no estuviese Mary Campbell, ya que la noche anterior vieron su estado de embriaguez, preguntaron por ella y las respuestas que recibieron no les parecieron satisfactorias.
En un momento de distracción de los dueños de la fonda, aprovecharon y bajaron a la habitación donde tendría que haber dormido la mujer irlandesa, y algo les pareció sospechoso, miraron entre el montón de paja y ¡HORROR!, encontraron el cadáver. Salieron rápidamente de allí, aunque la señora McDougal intentó pararlos ofreciéndoles parte del dinero del negocio. Ellos rechazaron y fueron directamente a la policía, la cual se persono en la posada, encontrándose esa horrible estampa.
Las dos parejas, fueron detenidas y comenzó la investigación exhaustiva de lo que ocurría en aquel nido del terror.
Se descubrió, que muchos habían muerto allí y habían sido vendidos al doctor Knox, como si fueran carne de cualquier animal.
El proceso judicial fue muy seguido, y la gente estalló en furia contra las salas de disección anatómica y llegando a atacar la residencia del anatomista Knox, que tuvo que huir de Edimburgo e ir a vivir a Londres, donde moriría en Hackney en el año 1862. Aunque fue exculpado de los asesinatos, perdió todo su crédito y fama y acabó sus días trabajando en un pequeño hospital de la capital inglesa.  
De los cuatro acusados, tres consiguieron salir ilesos, Hare, McDougal y Laird se salvaron de la horca, pero sobre Burke cayó todo el peso de la ley, y fue condenado a muerte, siendo llevada a cabo la sentencia el día 28 de enero de 1829.

Ejecución de William Burke

Después de su muerte, su cadáver fue donado a la universidad de anatomía, y fue diseccionado por el Doctor Munro, el que después de hacer todas las pruebas y enseñanzas pertinentes a sus alumnos, esqueletizó el cuerpo y lo exhibió en las salas de ciencia de la Universidad de Edimburgo, donde aún hoy día sigue estando expuesto para el público.

Esqueleto de William Burke en la Universidad de Edimburgo

De los compinches de Burke, no se sabe que ocurrió exactamente con ellos, hay gente que dice que acabaron mendigando por otras ciudades de Gran Bretaña y tuvieron muertes no especialmente plácidas.
Como en el caso de Jack el destripador, nunca sabremos a cuantas personas asesinaron con exactitud, pero lo que si podemos decir a ciencia cierta, es que fueron de los personajes más oscuros y sanguinarios de la historia del crimen.

2 comentarios:

  1. Para que luego digan que la realidad no consigue superar a la ficción

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    1. Sí, hay hechos en la historia, que son más increíbles que la ficción

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